Inicio de la FNTMMSP
Desde tiempos inmemorables los peruanos han tenido conocimiento de la bondad de los recursos minerales que encierra nuestro suelo. Desde tiempos de los Incas se extraía el oro, plata y cobre, dan testimonio de ello los descubrimientos arqueológicos en contrados en las diversas culturas que dieron forma a la gran nación del Tahuantinsuyo, pero sustentados fundamentalmente en la explotación y el uso sostenible de la tierra.
El bienestar colectivo del gobierno Inca fue la preocupación fundamental.
La conquista española que dio origen a la represión colonial del indígena peruano, destruyó el ordenamiento incaico, fundamentalmente agrario. La extracción de minerales preciosos pasó a constituir el eje central de la economía colonial producto del modelo mercantilísta imperante en la época. Bajo el sistema de la MITA miles de indígenas fueron movilizados forzadamente hacia las minas. Murieron millones. De esta manera, a costa de sangre y muerte de nuestros antepasados y el saqueo de nuestros recursos, se sentaron las bases para el desarrollo del capitalismo en las naciones europeas. La irracional acción de la monarquía española tuvo un papel relievante.
La independencia no alteró significativamente las condiciones de explotación de nuestro pueblo. Durante los primeros años de la Republica, la minería no tuvo la importancia que adquiriera en el Virreynato.
Desde fines de siglo XIX y principios del siglo XX, la revolución industrial y el imperialismo alteraron profundamente el panorama de la minería en nuestro país.
La industrialización en países como EEUU y Alemania, el crecimiento de las ciudades, la expansión de los medios de transporte y el uso generalizado de la electricidad, precisaban grandes cantidades de materia prima. En estas circunstancias, en 1901 un grupo de capitalistas norteamericanos conformaron la Cerro de Pasco Corporation, dando así inicio a la gran minería en el Perú. En 1913 se constituyó la Internacional Petroleum Company (IPC) asentada en la zona norte del país para la extracción y beneficio de petróleo.
Los inicios de la Organización Minera y José Carlos Mariátegui.
Las primeras movilizaciones mineras se remontan a la primera y segunda década del presente siglo. La protesta minera se centraba fundamentalmente en las atroces condiciones de trabajo que debían soportar en plantas y socavones, con jornadas continuas de hasta 14 horas. Asimismo era motivo de revueltas el abusivo sistema del “enganche”, mediante el cual, la empresa en combinación con los gamonales locales satisfacían sus necesidades de mano de obra barata.
Caracterizó a estas primeras movilizaciones su falta de organización y la acción violenta; carente de toda dirección, los trabajadores ante los abusos y pésimas condiciones de vida respondían de manera directa confirmando turbas que recurrían al mitin, saqueo y destrucción de maquinarias como formas de lucha.
Hacia 1919, probablemente por la asimilación de la experiencia de heroicas jornadas por el abaratamiento de las subsistencias protagonizadas por trabajadores limeños, en los campamentos de Morococha y Casapalca en el mes de enero aparecieron los primeros pliegos o petitorios a través de los cuales canalizaban sus reivindicaciones. Debido a las maniobras de la empresa estos intentos fueron desbaratados.
A raíz de un accidente ocurrido el 5 de diciembre de 1928 en Morococha, que cobró la vida de 26 trabajadores, los mineros del Centro entraron en contacto con el equipo redactor del periódico “Labor” dirigido por José Carlos Mariátegui. Este encuentro habría de ser decisivo para el futuro del movimiento minero.
La fundación del partido socialista (posteriormente comunista) por el Amauta el 7 de octubre de 1928 y de la CGTP el 17 de mayo de 1929, fueron elementos decisivos para el impulso a la sindicalización minera. En el terreno ideológico sus influencias también fueron significativas, ya que marcaron el definitivo abandono de las influencias anarco-sindicalistas en el movimiento obrero y la adopción del sindicalismo de clase.
En 1929, la gran crisis del capitalismo mundial llevó a las empresas asentadas en el país a implementar una política salarial y laboral completamente anti-obrera, en salvaguarda de sus ganancias. Así, entre 1929 y 1930 la Cerro Corporation redujo su personal de 13,000 a 5,000 trabajadores; en el norte la IPC redujo salarios, aumentó la jornada de trabajo e incrementó de manera exorbitante los alquileres y precios de las subsistencias, acompañada de un intenso proceso de formación de sindicatos.
Nuestros Primeros Mártires.
En setiembre de 1929, los trabajadores del Campamento de Morococha iniciaron una paralización ante la drástica reducción de personal y disminución salarial, para lo cual conformaron un Comité de Huelga encargado de la disciplina y la conducción de la masa. Al término del conflicto, lograron la solución de algunos puntos, formulándose su pliego de reclamos.
Este comité se transforma en la Federación de Empleados y Obreros de Morococha. La experiencia organizativa de Morococha no tardaría en propagarse hacia otras regiones.
Papel protagónico de este proceso cumplió Gamaniel Blanco, uno de los primeros líderes mineros que tuvo contacto con José Carlos Mariátegui.
Con la caída de Leguía y el ascenso al poder de Sánchez Cerro en agosto de 1930, el proceso de organización y centralización de los mineros se aceleró. Al Sindicato de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos de La Oroya fundado en julio de 1930, le siguieron los de Cerro de Pasco, Malpaso, Goyllarisquizga y Casapalca. De esta manera, los trabajadores de toda la región estuvieron en posibilidad de coordinar a través de sus organizaciones sindicales la presentación de sus Pliegos de reclamos a la Cerro Corporation.
Con el apoyo de este avance organizativo, el domingo 7 de setiembre los trabajadores se reunieron frente a la prefectura en la ciudad de Cerro de Pasco a esperar los resultados de las negociaciones finales entre sus dirigentes y los representantes de la empresa.
No satisfechos con los resultados, desconociendo a los negociadores, iniciaron una marcha de protesta por la ciudad. En el trayecto se suscitaron desordenes en los que la represión intervino de manera feroz dando muerte a 6 trabajadores.
En el norte, los petroleros se movilizaban por motivos similares, presentado su pliego de reclamos en diciembre de 1930.
El Proceso Minero de 1930.
En plena crisis económica de 1930, se produjeron despidos masivos ante el quiebre de las empresas, reducción de salarios, aumento en la jornada de trabajo, elevación de los precios de artículos de primera necesidad, etc. En cumplimiento de los acuerdos tomados en el Primer Pleno de la CGTP en el distrito de La Oroya , se dieron los pasos iniciales hacia el primer Congreso Minero. La convocatoria al evento la firmaban los sindicatos de Morococha, Malpaso, Casapalca, Goyllarisquizga, Smelter, Cerro de Pasco, La Oroya campamentos de la Negociación Fernadini y otras bases de la mediana minería regional.
El Congreso fue convocado para los días 8 al 15 de noviembre de 1930 en el local del Club Peruano de los Metalúrgicos de La Oroya. Asistieron al evento 14 delegaciones que acreditaron un total de 62 delegados. El temario comprendía una serie de puntos que iban desde el análisis económico nacional y la crisis mundial, hasta el referente a la creación de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros. Este último punto significaba avanzar orgánica y sindicalmente en nuestra diferenciación de intereses respecto de la patronal. En este sentido la compañía y el gobierno de turno también lo entendieron así y por ello prepararon un operativo represivo destinado a impedir que el certamen obrero lograra su importante objetivo.
La madrugada del 11 de noviembre en pleno debate, irrumpió la represión apresando a los principales dirigentes. La reacción de los trabajadores no se hizo esperar. Al día siguiente los mineros de Casapalca y Morococha iniciaron una marcha hacia La Oroya , que desde tempranas horas se encontraba paralizada. El mismo miércoles 12 los trabajadores de Malpaso, enterados de la represión también emprendieron la marcha. En estas circunstancias fueron detenidos en el puente, también conocido por Malpaso, en donde fueron baleados por la policía, resultando 23 obreros muertos y 27 heridos. Luego de estos sucesos la CGTP fue disuelta, centenares de sindicalistas sería presados; las cárceles rápidamente se poblaron de detenidos entre ellos Gamaniel Blanco, que recluido en el Frontón, meses después moría de tuberculosis.
La ilegalización de la CGTP y la posterior represión desatada por la dictadura del General Benavides marcaron el inicio de un oscuro periodo de la historia hasta 1945.
Entre 1935 y 1941, la segunda guerra mundial dio lugar a la reactivación de la minería. El número de los trabajadores del sector aumentó significativamente y se dieron condiciones para la organización sindical.
Reactivada la vida sindical, el 15 de marzo de 1944 se reconstruyó el Sindicato de Obreros Metalúrgicos de La Oroya. En 1947 se organizó la Federación de Empleados de la Cerro Corporation. Regionalmente se dio vida nuevamente a la Federación de Trabajadores Mineros de Cerro.
En el gobierno de Benavides se reconocieron unos 8 sindicatos anualmente. Durante el gobierno de Prado unos 25, mientras que entre 1945 y 1947 en el gobierno de Bustamante se alcanzó la cifra record de 88 organizaciones reconocidas. En la minería particularmente este proceso fue intenso llegándose a reconocer 38 sindicatos.
Radicalización de la lucha de clases.
La década de los 60s estuvo caracterizada por la movilización campesina de recuperación de tierras que sacudieron todo el país y a la zona central en particular, donde se produjeron violentos enfrentamientos.
En el sector minero los conflictos se agudizaron. Hubo luchas en Marcona, en la Southern, pero las de la Cerro de Pasco alcanzaron mayor resonancia. En varias oportunidades, como en 1960 cuando los comuneros de Rancas iniciaron el proceso de recuperación de sus tierras, y cuando de produjo la masacre de Ambo de 1962, los mineros aglutinados en la Federación Regional, efectivizaron paros de protesta y solidaridad. A raíz de la muerte de varios comuneros en Ambo que coincidió con una huelga de los Metalúrgicos de La Oroya , la Federación Regional decretó la huelga general. Rápidamente se extendió por toda la región. En diciembre en La Oroya, a raíz de una movilización, manos provocadoras ocasionaron un incendio de los almacenes, hubo enfrentamientos con la policía resultando varios trabajadores muertos. Las garantías fueron suspendidas y la junta militar de gobierno de ese entonces emprendió una gran redada contra sindicalistas.
En diciembre de 1959 se realizó en La Oroya el Primer Congreso de la Federación Minera del Centro, evento que también contó con la participación de la Federación del Norte y los sindicatos de Marcona y Toquepala. Aquí se dio el acuerdo importante de la creación de una FEDERACIÓN NACIONAL DE TRABAJADORES MINEROS, METALÚRGICOS Y SIMILARES.
En estas circunstancias, en el Segundo Congreso de la Federación del Centro, se acordó iniciar las conversaciones para constituir una verdadera FEDERACIÓN NACIONAL MINERA.
En 1966 con la participación de delegados sindicales obreros de construcción civil, metalúrgicos, trabajadores de calzado, maestros y otros se formo el COMITÉ DE DEFENSA Y UNIFICACIÓN SINDICAL (CDUS) organismo que enarbolaba la defensa de los intereses inmediatos y concretos de los trabajadores frente a la política antipopular del gobierno. El Sindicato de Trabajadores de Toquepala y Anexos estuvo desde un principio en la formación del CDUS: En junio de 1968, las bases del CDUS convocaron a un Congreso en el cual se decidió conformar la CGTP y retomar los principios del sindicalismo clasista. Se planteó la lucha por la unidad sindical retomando la concepción del sindicato como frente único de clase.
En esta coyuntura sindicatos de la mediana minería sobre todo en el sur chico golpeados por el alza del costo de vida y la política empresarial antilaboral radicalizaron sus luchas. Los mineros de Condestable realizaron una marcha hasta Lima, donde fueron asesorados por CDUS. En marzo de 1969, los trabajadores del vecino campamento de Raúl en huelga también recurrieron a la marcha como forma de lucha; el Sindicato de Cata también entró en huelga el mismo año.
Finalmente estas bases se afiliaron a la CGTP. De esta manera el sindicalismo clasista también extendería su influencia hacia el sector denominado como de mediana minería.
Fundación de la FNTMMSP.
Constituida la CGTP, convocó al I Congreso de Trabajadores Mineros con el fin de conformar una Federación Nacional. Este se llevó a cabo en la ciudad de La Oroya y el 05 de diciembre de 1969, con la participación de los Sindicatos de La Oroya, Cobriza, Toquepala, Marcona, Mina Raúl, Condestable, Cata y otros, se acordó constituir la FEDERACIÓN NACIONAL DE TRABAJADORES MINEROS Y METALÚRGICOS DEL PERÚ – FNTMMP resultando elegido como 1er. Secretario General el cc. Víctor Cuadros Paredes, representante de Toquepala . Inmediatamente la FNTMMP se afilió a la CGTP. Se determinó como una de sus principales tareas su consolidación orgánica y la lucha por su reconocimiento, así como el de la CGTP.
En 1969 a iniciativa de las bases de Milpo y Huarón se organizó la Federación Departamental de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos de Pasco.
A inicios de 1970, se conformó la Federación de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos de la Cerro de Pasco, como fruto de los pactos de solidaridad suscritos entre los 14 sindicatos de la empresa a raíz de luchas anteriores. Los pactos de ayuda mutua y defensa reciproca se multiplicaron entre las diferentes bases en conflicto generalizándose durante la oleada huelguista de 1970 y 1974. Pactos en los cuales conjuntamente con las reivindicaciones propias de cada base, se incluyó siempre la exigencia del reconocimiento de la CGTP y la FNTMMP, hecha propia por los trabajadores mineros en muestro II Congreso de diciembre de 1971, donde se decidió ir al Paro Nacional por el reconocimiento de la central nacida de nuestra lucha independiente de toda ideología de clase. El reconocimiento de nuestra Federación se logró en junio de 1972, mediante R.D. Nº 123-72 D.R.
Finalizando 1971, los 14 sindicatos de la Cerro entraron en huelga indefinida. El gobierno militar desató una contra esta lucha, igualmente la dirigencia de la CGTP que se mostró hostil. En estas circunstancias en el mes de noviembre un destacamento de Sinchis fuertemente armados asalto el local del Sindicato de la Mina Cobriza, liquidando a cinco compañeros.
Cabe critica aquí el comportamiento de la FNTMMP que, todavía afiliada a la CGTP, y con sus principales dirigentes, mantuvo ante esta lucha una actitud pasiva.
La FNTMMP y el CCUSC.
En respuesta a la arremetida antilaboral y antisindical del régimen y de los empresarios privados es que impulsamos los intentos de centralización de las luchas con los sindicatos y organismos de otros sectores y pueblo. Es ese el objetivo de nuestra participación en la I Asamblea Nacional Sindical Clasista que dio origen al Comité de Coordinación y Unificación Sindical Clasista (CCUSC) en 1974, organismo que organizaría el proceso de unificación alrededor de los principios del sindicalismo clasista.
Para el proletariado minero el CCUSC fue asumido como necesidad de nuestras propias luchas, como una alternativa frente a los peligros que siempre acechaban y como una forma de abordar las necesidades que el movimiento minero metalúrgico demandaba. La perspectiva del CCUSC era la defensa de la autonomía de clase de las organizaciones de los trabajadores, la lucha contra la intromisión Estatal en nuestros organismos, la lucha contra las tendencias amarillistas y patronales, el reconocimiento y ampliación de nuestros derechos democráticos de organización, huelga, educación y movilización independiente frente a la burguesía y la dictadura militar.
Por todo ello, la FNTMMP impulsó el CCUSC y en ningún momento dio a este organismo tareas que correspondieran desarrollar a una central paralela a la CGTP.
En estos esfuerzos fueron educadas nuestras bases mineras y con esa perspectiva es que participamos dentro del CEN del CCUSC e impulsamos con el resto de sectores obreros alli presentes gloriosos combates contra la burguesía, el imperialismo y la dictadura militar, luchas cuya más alta expresión la constituyó el paro del 23 de marzo de 1976 convocado por el CCUSC.
Entre 1974 y 1975 el régimen militar fue afectado por una serie de crisis políticas en su interior. El desgaste de la FFAA en el ejercicio del poder se sumó a las contradicciones en el seno del régimen, la falta de una base social de apoyo y la falta de un proyecto coherente para administrar la grave crisis económica.
En estas circunstancias se lleva a cabo el golpe de agosto de 1975. El nuevo gobierno dictatorial aplica rápidamente la política de “estabilización económica” del FMI y pone en marcha el plan Barúa de “reactivación de la crisis”, que significó la reducción drástica de nuestros salarios, la imposición de los topes salariales, la congelación y reducción de nuestros Pliegos de Reclamos a un solo punto, aumento de los precios de los productos y servicios de primera necesidad, etc. Medidas encaminadas a mantener y en algunos caso elevar las ganancias de la empresas en desmedro de la clase trabajadora. Tal plan requirió de mayor represión al movimiento popular, estado de sitio y toques de queda que encuentran la respuesta del pueblo que ha ganado en organización y experiencia de lucha durante el régimen de Velasco, tal como lo demuestra el paro departamental de Lima en 1975, el Vitartazo en junio de 1976, nuestra huelga minera, etc.
Alrededor del apoyo a la huelga de la Federación de Pescadores del Perú, que por más de dos meses tenia paralizados todos los puertos del litoral importantes gremios como FETICEP, CCP, SUTELM, FETIMP, FNTMMP y otras, conformaron el Comando Nacional de Lucha que emitió un comunicado llamando a las centrales y federaciones independientes a establecer una plataforma común de lucha que canalizara los esfuerzos hacia el paro nacional.
El paro de julio de 1977.
El pueblo empezaba a organizarse cualitativamente para expresar su repudio a la política hambreadora y represiva del régimen, es así que en julio de 1977, 25 organizaciones sindicales, dentro de ella nuestra FNTMMP, se aglutinan alrededor del Comando Unitario de Lucha (CUL) y bajo la plataforma unitaria contra el hambre, represión y el entreguismo se enfrentó a la dictadura el 19 de julio. Con el paro nacional de julio de 1977, se puso en evidencia el profundo aislamiento de la dictadura, por lo que se vio obligada a lanzar dosificadamente su llamado “cronograma político” para la transferencia del gobierno: elecciones a una Asamblea Constituyente en 1978 y Elecciones Generales para 1980.
Paralelamente la dictadura despidió a más de 5000 dirigentes sindicales y de base como muestra de su “apertura democrática”. El movimiento obrero venía avanzando cuantitativa y cualitativamente desde 1968. La dictadura con el despido masivo y represión apuntaba a descabezar al movimiento y parcialmente lo logra a pesar del avance del movimiento en autonomía sindical e ideológica, este era aún débil e incipiente en organización. Es ello lo que impide sustituir rápidamente a los dirigentes despedidos por nuevos elementos que hubieran reorganizado centralizada y rápidamente la respuesta popular.
El 20 de setiembre se impulso una huelga general indefinida que recibió todo el peso de la represión de los que la acataron. Esta experiencia reafirmaba que a pesar del ascenso y el avance de las masas en su lucha, contaban con debilidad y retrazo de nuestra organización y centralización.
Por esto en nuestro VII y VIII plenario, así como en el pronunciamiento del 12 de diciembre de 1977 señalamos que el “desenmascaramiento de las pretensiones del gobierno, la lucha por nuestras propias reivindicaciones y la construcción de nuestra propia alternativa pasa necesariamente por nuestra participación activa y consciente en la coyuntura política…”y que esto significaba “mantener nuestra independencia de clase en todos los terrenos de lucha que se impongan…”
Auge de la movilización obrera y popular.
Entrado 1978, presionado por el FMI, la dictadura militar recrudece su política económica y represiva contra las masas populares. Las últimas medidas económicas y la huelga de los Siderúrgicos con el apoyo de todo el pueblo de Chimbote, el hambre y la desocupación vuelven a reagrupar a los trabajadores en torno al CUL y se logra convocar a un paro para el 23 y 24 de enero, en cuya plataforma de lucha estaba la reposición de los 5000 despedidos, la libertad de todos los dirigentes sindicales presos, la repatriación de los luchadores sociales y políticos deportados- entre ellos de el c. Victor Cuadros P. Ante la suspensión del paro varios despedidos se declaran en huelga de hambre, forma de lucha que rápidamente se expande por todo el país.
El 27 y 28 de febrero el movimiento minero metalúrgico paraliza nuevamente, demostrando que agrupados alrededor del CUL, el pueblo luchaba por la satisfacción de sus necesidades más inmediatas e iban construyendo sus propios órganos de dirección y movilización centralizada. Allí estaban los Frentes de Defensa del Pueblo, las Coordinadoras Regionales y zonales, etc.
La dictadura militar a mediados de mayo lanza un nuevo paquete económico que recibe el rechazo de todo el pueblo y a pesar del estado de emergencia el CUL concretiza el paro nacional del 22 y 23 de mayo que representó un nuevo hito histórico en las luchas populares. Se producen las elecciones para la constituyente.
Nuestra Heroica Huelga Minera.
El movimiento minero metalúrgico renovó las reivindicaciones planteadas por el pueblo, así la consigna fundamental adoptada fue la reposición de todos los despedidos a nivel nacional, la misma que concentraba la lucha de todo el pueblo peruano contra la arbitrariedad de la dictadura, la inestabilidad laboral y política del FMI implementada por Morales Bermúdez.
Así pues los mineros nos colocábamos a la vanguardia del enfrentamiento contra la dictadura. Nuestra heroica huelga nacional marcó el punto culminante de esta oleada masiva de luchas populares. A fines de 1978 se encontraban en lucha Sider Perú, Austria Duvas, Caudalosa Chica, Metalúrgica Peruana, Mina Raúl, Toquepala, Metalúrgicos Área Ilo, Cerro Verde, Marcona y Centromin. Todas ellas no alcanzaron satisfacción en sus reivindicaciones y exigían centralizar el combate.
Desde el inicio de nuestra huelga tuvimos que afrontar serios problemas. Primero se necesitaba ganar el mayor número de bases sindicales a la huelga, mantener el empuje sostenido de aquellas bases aun débiles y vacilantes. Segundo era urgente ampliar nuestra lucha a otros sectores del pueblo.
Todos estos problemas abonaron el terreno a la brutal y salvaje represión y desalojo de nuestros hermanos mineros de la Facultad de Medicina de San Fernando, acción con la que la dictadura cortó la huelga y que nos hizo entrar en un reflujo transitorio. Tiempo en el cual se buscó la centralización y unidad de clase.
Ante una nueva oleada de protestas de los campesinos, bancarios, gráficos, petroleros, mineros de Cuajone, la CUL junto con la CGTP impulsan un Paro Nacional Preventivo para los días 9.10 y 11 de enero que no tuvo el éxito esperado debido a los enormes recursos militares destinados a contrarrestarlo, y a la ausencia de resultados concretos de los paros anteriores.
La Huelga Minera Del Sur.
Con la frustración del paro de enero, se perpetraron nuevas acciones represivas como la masacre de Cromotex (donde mueren 7 obreros), la masacre de Alto Piura, la muerte del c. Abel Callirgos dirigente del SUTEP, todo ello en condiciones de suspensión de garantías y de clausura de las revistas independientes. Pero por otro lado, los trabajadores acuerdan en sus respectivos eventos, el desarrollo de huelgas a partir de los próximos meses, como respuesta combativa.
En los centros mineros, mientras se desarrollaba la tramitación de los pliegos de reclamos de los Sindicatos de Toquepala, Metalúrgicos de Ilo y Cuajone y Área Ilo, más de 27 sindicatos base de nuestra federación se encontraban en conflicto debido a la intransigencia de la patronal y la complicidad de los Ministerios. Centromin, Cata, Mepsa, Hierro Perú, San Vicente de Chanchamayo, Caudalosa, Recuperada, Julcani, representaban la urgente necesidad de centralización de sus luchas por lo que el CEN de la FNTMMP recogiendo la tarea y asumiendo la responsabilidad planteada, convoca al XII Plenario Nacional Extraordinario, donde se acuerda Huelga General Indefinida a partir del 26 de febrero con una plataforma de lo Sindicatos en conflicto, pero los acontecimientos y la debilidad orgánica del CEN, impidieron la materialización de estos acuerdos y con ello nuevamente se produjo la dispersión de la luchas.
En así como en el sur, se decreta una nueva Huelga General Indefinida impuesta por las bases y recogida por los dirigentes de Cuajone y Metalúrgicos de Ilo, más no por los de Toquepala y Area Ilo. La huelga fue duramente reprimida por las tropas, al amparo del estado de emergencia y la suspensión de garantías declaradas en los departamentos del sur, se encarcelaron y despidieron decenas de trabajadores (60 fueron trasladados a seguridad del estado, 198 despedidos – 105 en Cuajone, 34 Toquepala, 55 de Ilo) llegándose a violar lo más elementales derecho individuales.
De esta forma se tuvo que levantar la huelga en medio de desautorizaciones y descoordinaciones entre sindicatos. Al final el pliego superó los topes establecidos para la gran minería, 220 soles y una bolsa de 20000. Sin embargo, el desenlace de la huelga como su propio desarrollo nos mostraba con cruda realidad un conjunto de cuestiones que tenemos que asimilar:
Las luchas de los sindicatos se dieron en forma aislada de los demás sectores de la zona como son los gremios o frentes de defensa. La lucha se dio sin la debida orientación de las masas en asambleas, etc.
Nota Editorial:
La Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú (FNTMMSP) , alcanza de esta manera a la opinión pública global y a nuestros compañeros mineros, un suscinto recuento de la evolución del sindicalismo minero peruano, ligado a los modelos de desarrollo por los que a travezado nuestra nación, así como, a los procesos de inversión capitalista para la extracción de los recursos naturales mineros -no renovables- que ostenta el Perú, y que en el tiempo, han conllevado a numerosas luchas y sacrificios (nuestros mártires son una muestra de ello) para alcanzar la dignidad a través de las conquistas en derecho laboral y sindical que permitan una justa distribución de la riqueza generada por miles de seres humanos que día a día entregan sus vidas en las minas a tajo abierto y zocavón con “sangre, sudor y lágrimas” para el engrandecimiento de nuestro País.
Los procesos de confrontación y lucha continúan hasta el día de hoy, como parte de la expresión del “reciclaje capitalista” que ahora avasalla y contamina el medioambiente, agudizando la pobreza en muchos rincones de nuestro vasto territorio nacional.
Rendimos así, homenaje a los mártires que ofrendaron sus vidas por la ansiada JUSTICIA SOCIAL y el trato DIGNO para todos los mineros del Perú. Destacando entre muchos, el gran dirigente sindical Saúl Cantoral Huamaní, quien fuera asesinado en 1989 por huestes paramilitares autodenominadas comando “Rodrigo Franco”, mientras conducía al movimiento obrero minero en UNIDAD y DIGNIDAD a la consecusión de una plataforma de lucha única.
Lima, 14 de julio del 2008.














